Llega hora y media tarde a la cita en Ibiza. Se quita las gafas de sol y saluda al fotógrafo. Mientras baja a maquillarse, la gente reunida comenta lo tÃpico: que tiene la piel estupenda, que se nota que ha dormido, que está guapÃsima.
No se le puede preguntar por su relación con el billonario ruso VladÃmir Doronin, el hombre que eventualmente podrÃa llevarla al altar. Ni por sus problemas legales. Ni por qué está en Ibiza. Sà se puede hablar de sus obras humanitarias y su colaboración con Dolce & Gabbana. Es la nueva imagen de uno de los cinco nuevos perfumes de la empresa. Una campaña en la que comparte protagonismo con las igualmente recuperadas Claudia Schiffer (38 años) y Eva Herzigova (36) y que confirma el revival del fenómeno de las supermodelos de los noventa que tan buenos réditos está generando a Campbell.
Modelo de fama
Naomi (pronunciado Ne-you-mi) nació en Streatham, un suburbio de clase media de Londres. Su madre, Valerie Campbell, era una bailarina de ballet de descendencia afro-jamaicana. La modelo nunca conoció a su padre (de ascendencia china), que las abandonó dos meses después de que ella nació.
Valerie pasaba mucho tiempo viajando por Europa y contrató a una niñera para que se ocupara de su hija y su hermano. A los ocho años, Naomi apareció en el video de Bob Marley Is this love? A los 10 se matriculó en la Academia de Artes Escénicas de Londres y empezó a estudiar danza. Al tiempo, aparecÃa en The Wall, de Pink Floyd. A los 14, Beth Boldt, directora de la agencia Synchro, la descubrió. Pero fue Gianni Versace quien la convirtió en una estrella. Naomi lo recuerda asÃ: ´Nos divertÃamos tanto… Nos apoyábamos, estábamos muy unidas. Y tenÃamos a maravillosos diseñadores detrás: Alaïa, Karl Lagerfeld… y Gianni Versaceâ€�.
En los 90, las modelos se habÃan convertido en las dueñas absolutas de la farándula. ¿Es irrepetible el fenómeno de las supermodelos? “Fue algo único, no se puede volver atrás. Era algo espontáneo, no estaba planificado. Ahora todo es más corporativo. Además, Gianni ya no estáâ€�.
La mujer de campaña
El 2000, mientras sus compañeras se retiraban gradualmente, serenándose en el papel de madres y empresarias, Campbell encontró en los proyectos benéficos el objetivo en el que volcar toda su célebre energÃa. Como embajadora global de la ONG White Ribbon Alliance (WRA), denunció que ´cada minuto alguna madre muere embarazada o en el parto en los paÃses en vÃas de desarrollo. Muchas son las lÃderes familiares y casi siempre muere también su hijo. La WRA trata de recaudar fondos y concienciar sobre esta causa´.
Pero, ¿cómo casan trapos y mortalidad materna?
Hay muchas cosas que pueden ayudar a concienciar sobre el asunto; yo pensé: la moda es lo que yo hago. Cojo el teléfono y llamo a las modelos, a los diseñadores, a todo el mundo. No es fácil, pero todo el mundo se identifica con la causa. Y el público paga la entrada y se siente involucrado.
¿Considera que se banaliza injustamente su rol público?
No hago obras solidarias para que la gente lo sepa. Llevo haciéndolas desde 1993. Me gusta. Todo el mundo me decÃa: ´Oh, tienes que hacer algo de eso´, y es porque no tenÃan ni idea de que ya lo estaba haciendo. Pero no trato de cambiar la opinión que la gente tiene de mÃ. Que piensen lo que quieran.
¿Qué le ha impresionado en su trabajo humanitario?
No soy fácilmente impresionable. Si voy a Soweto, en Johanesburgo, sé con qué me voy a encontrar. Puedo controlar mis emociones: es mejor no llorar. Intento marcar la diferencia, y la conmoción, desde luego, no marca la diferencia.
La chica furiosa
Sus problemas con la justicia han hecho las delicias de la prensa amarilla. El 2000, una asistente la acusaba de asaltarla con un celular en una habitación de hotel. Cuatro años después, Campbell ganaba un juicio contra The Daily Mirror por violar su derecho a la intimidad al publicar unas imágenes en las que salÃa de una clÃnica de Narcóticos Anónimos. Pero el 2007, tras una denuncia de una nueva asistente, Campbell fue condenada a atender un curso para controlar su temperamento y a pasar cinco dÃas de servicio comunitario barriendo suelos en un edificio público de Nueva York.
Campbell ha disfrutado mucho del centro de atención. En ocasiones lo ha exprimido en exceso. Publicar una novela de juventud con la ayuda no acreditada de un tercero quizá no fuera la mejor idea. Lanzar un disco, tampoco. Pero en su enésima reinvención profesional ha entrevistado a Hugo Chávez y Cristina Fernández de Kirchner para la edición británica de GQ. ´No puedo decir que la manera en que conduje la entrevista con Cristina coincidiera con lo que salió impreso´, se queja; ´pero la que hice con Chávez, sô.
Su faceta filantrópica, además, le ha llevado a trabajar mano a mano con Sarah Brown, esposa del premier británico, o a cenar con Michelle Obama y varios lÃderes polÃticos en el último G-20.
Una mujer, muchas caras. “Nunca enseño quién soy en realidad. Y no creo que lo haga nunca´, confiesa al final de la charla.
